sábado, 22 de octubre de 2011

héroes anónimos

En esto que me metí en la boca del metro de Argüelles. Desde el primer día que estuve en ella la tomé manía. Lo primero por sus escaleras mecánicas, seis seguidas no es algo agradable. Y más cuando se tiene prisa por llegar. En las tres primeras dices, vale, te lo perdono diseñador de estaciones de metro. Pero cuando llegas a las sexta es para buscarse un cuchillo y ala, a cargarse al inventor. Odio, resquemor interior…. Mm me voy las ramas. La historia empieza ahí,en esa estación. Tras bajar por las escaleras vi que el tren estaba dejando entrar a los últimos pasajeros para empezar su trayecto. Así que ,hala, a correr piernas. Pero como la ley de la máxima jodienda siempre esta ahí acechando, perdí el tren. Por lo tanto a esperar maja. La suerte hizo que el siguiente tren viniera pronto, unos seis minutos mas o menos. Cuando al fin llega nadie se me iba a poner delante. ¡¡¡Yo primera gentucilla!!!
Tras varias paradas llego a Alonso Martínez para hacer trasbordo. Oiga, no se lo pierda un trasbordo de seis minutos... Parecía que la suerte me acompañaba ya que el tren no se hizo esperar mucho. Me puse al principio del tren, como siempre para tomar la salida que mejor me conviene. Pero vaya, hora punta: las 14 horas. Todos con caras hambrientas, cabreadas y otros de no se donde vivo no sé a donde voy, socorro. Mezclados con unos cuantos chiquillos y alguna que otra sillita de bebé que no hacen más que incordiar y ocupar sitio. No es que esté en contra de ello, solo que para ahorrar espacio que pillen a los niños en brazos y plieguen las sillas. Es una sugerencia, como pone en las cajas de comida precocinada, señoras y señores.
Por lo tanto, al estar todos apretujados me toca ponerme pegada a la pared y agarrarme a la única barra “libre”. Sin darme cuenta me pego a alguien demasiado. En esto que miro a quien estoy agobiando aún más: un chico alto con una mochila que probablemente volvía de la uni. Me sonríe. Algo de agradecer. No sé si lo hacía por educación o porque realmente no le importaba que le dejara poco espacio vital. Aquel vagón, estaba empezando a ser una sauna. Aunque creo que más bien era ese rinconcito donde yo estaba. Sentía mis mejillas acaloradas. De repente el tren pega un frenazo. De esos en los que si te fijas, a todos los pasajeros se les va la cabeza a la vez hacia el mismo sentido, con caras impasibles, otros con caras de mátenme y otros directamente emitiendo gruñidos por la falta de fuerzas para maldecir al conductor. En ese frenazo, pierdo el equilibro y me pego aún más al chico, este con su mano me sujeta. ¡Mi héroe!. A lo largo del viaje, esa mano salvadora se fue convirtiendo el algo más.  Me iba tocando la cintura. Pensé que no quería que me volviera a caer tras un frenazo, para que luego digan que no hay caballeros. Pero es que la otra mano también quería participar. Una de mis manos todo el tiempo estaba ayudándome para no caerme agarrada a la barra que estaba delante del chico. Cosa que no le dejaba mucho espacio a este para moverse. Por lo tanto que cuando quería cambiar de canción en su ipod no podía evitar tener que rozar mi brazo. Curiosamente lo hacia despacio y muy a menudo. Una de esas veces fue una acaricia que me hizo recorrer por todo mi cuerpo una pequeña corriente eléctrica y un poco de calor en mi mejillas. Eso sí, su otra mano seguía pegada a mi cintura. Parece que había tomado buen sitio para pasar el viaje.
Cuando íbamos pasando las estaciones el vagón se fue vaciando. Iba quedando más espacio pero aquella mano me hacia quedarme en ese rinconcito. Era agradable sentirse protegida. Seguían pasando las estaciones. Quedaba una para que fuera la mía... ¿A dónde iría mi héroe?
Al fin llego a mi estación, ya me tengo que alejar de esa mano. Pero ante mi sorpresa el chico también se prepara para salir. Resulta que mi héroe vive en mi barrio. ¿Y qué vamos a hacer? ¿Vendrás conmigo? ¿Te doy mi feobuk?  Se abren las puertas. Me deja pasar a mi primero, sonrío. Tomo la salida de la derecha. Él se para. Me mira y….  gira a la izquierda.
Así es, te pueden sobar todo lo que quieran pero luego no te dan ni un hasta luego.          
 ¡¡Sin vergüenzas!!


Dedicado a la vuelta de mi creatividad de guionista de telenovela colombiana

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