sábado, 19 de mayo de 2012

AMOR POR LO ESTIVAL (BETA 4.5)


La llegada de la estación estival es para muchos una alegría ya que al fin se puede disfrutar de los parques, de las piscinas, las comidas al aire libre (que cada uno lo interprete a su manera), de los cantos de las golondrinas dando vueltas sin sentido y jodiendo las siestas, de las chicas vistiendo dejando poco a la imaginación... Pero para otros es símbolo de una época que implica sudar, las noches interminables peleándote con la cama y los mosquitos, días enteros empollando para los exámenes, tener de amante una (o varias) cajas de pañuelos por la jodida alergia (otros la tienen como amante todo el año,que cada uno lo interprete a su manera repito), aguantar el sonido del aire acondicionado del vecino ya que tú careces de ello y tienes que abrir las ventanas para recibir un poco de aire fresco...
Pero en mi opinión sin duda lo más agradable de toda esta época es el viajar en transporte público. Eso de rozarse con otro mientras vuestras pieles al aire se quedan pegadas es uno de los grandes placeres de la vida del usuario de a pie. Pero lo mejor de todo es cuando viajas en una linea de metro la cual es una de las menos cuidadas y el tomarla implica jugar a la ruleta rusa: ¿llevará o no llevará aire acondicionado en hora punta?.
Mi suerte siempre ha sido bastante vaga y no me suele ayudar en la mayoría de las veces, así que me permite siempre disfrutar de un buen vagón lleno de gente apretujada con cariño, una temperatura digna de una sauna y un exquisito perfume a zorruno mezclado todo con una alta humedad para hacer más delicioso el viaje.
Recuerdo que un día me tocó ir en plena hora punta tras esperar el metro unos cinco minutos provocando que el andén estuviera lleno de gente, cosa que ya me iba mentalizándome para lo que se avecinaba. Cuando llegó el coche (sí, se llaman así no me leáis con esa cara), vi muchas caras llenas de sufrimiento y terror al ver lo que les esperaba. Toda esa gente que estábamos ahí íbamos a entrar y darles un gran abrazo lleno de calor. Cuando se abrieron las puertas uno de los que estaban dentro me miró fijamente y recibí perfectamente lo que me decía: ni de coña entras aquí chavala. Otro que casi gritaba: ¡¡huye tú que puedes!!Eres joven, ¡sálvate!. Y una señora que estaba empotrada contra otra decía con una mueca: ¡estudia,encuentra un trabajo y comprate un coche o una moto por dios!.
Tras ver esas caras respire hondo y... una señora que estaba atrás me ayudo a decidirme a entrar a aquel... infierno.
Entré empujando, bueno más bien entré siendo empujada por alguien que a su vez estaba siendo empujado por otro alguien. No había parte de mi cuerpo que no estuviera siendo rozada o presionada. Pero eso no era lo que me horrorizaba, lo que realmente lo hacía era el ambiente que allí había. Al entrar ya se notaba por el contraste. Un ambiente parecido al Sahara es una comparación en la cual me quedo corta. Muchos tenian en las caras pequeñas gotitas cayendo por de la frente. Casi todos iban abanicándose con lo que habían pillado más a mano. Y ninguno iba sin resoplar y quejándose. Cuando estábamos ya todos dentro situados en nuestros puestos las puertas se cerraron haciendo imposible la vuelta atrás y escapar de allí. Empezaba mi infierno.
Rezaba para que no se subiera más gente a ese vagón. Procuraba no agarrarme a ningún sitio ya que todo ardía. Además esa horrible sensación de cuando te agarras a una barra del metro y sientes que esta caliente porque alguien estuvo agarrado ahí no quería sentirla añadida.
Lo peor estaba por llegar. En una de las estaciones se subió un digamos personajillo de unos veinte años vestido de rapero incluyendo gorra y pantalones caídos mostrando el gusto de su madre en ropa interior. Éste llevaba una mochila, que en sus buenos tiempos debía de ser azul con algún mensaje en inglés que él jamás entendería que parecía contener algún cuadernillo que le habría mandado su profesor de lectura de nivel medio (o lo más probable es que llevara un folleto de alguna tienda o alguna revista de esas en la que salen señoritas disfrutando de una tarde sintiendo el aire en todo centímetro de su piel). Éste al meterse en el vagón puso la cara que todos ponían al entrar soltando un uff mezclado con una mueca de sufrimiento. Aunque este a su vez parecía que estaba disfrutando de la situación. Se colocó de espaldas a mí y de frente a la puerta, cosa que me permitió observar que su pelo hacia muchas semanas que no veía el agua. Mi estómago estaba dándome avisos.
Una señora que estaba con la miraba perdida se estaba acercando a la puerta para bajarse en la siguiente estación. Tenía el pelo mojado y la cara muy arrugada. Me pregunté cuanto tiempo debía llevar en aquel vagón para llegar a ese grado de deshidratación. El personajillo al verla sonrió y se puso a abanicarla con su maravillosa mochila de contenido misterioso. Cosa que me hizo soltar una pequeña mueca que creo que quería ser una sonrisa.
Pero tras cerrarse las puertas el ambiente cambió. La cara de un señor que estaba al lado de la puerta se transformó. Las luces temblaron. ¿Qué pasaba? Al momento lo descubrí. Era lo peor que podía pasar ahí. No podía ser. En ese momento, ¡¡en ese lugar noooooooooooooooooo!!.
Un gran olor a pedo podrido. Su dueño debía estar orgulloso de su creación. HP.
Empecé a abanicarme más fuerte para evitar respirar aquel aire contaminado con esa peste. Buscaba al culpable. La tenía que pagar. Rápidamente me di cuenta de quién había sido. El único que estaba de espaldas: el personajillo. Decidí abanicar el aire que venia del lugar de origen de la peste rápidamente mientras que con la otra mano me tapaba la nariz. Por el olor el personajillo no debía de ser humano. Mis perros echan mejores pestes. Una chica neozombi*, que parecía que no iba con ella el calor ya que estaba inmersa en su móvil, me miró y me puso una cara de sí, yo también lo he olido y se quien es el propietario con una pequeña sonrisa mientras lo tuiteaba. Algo que después me hizo pensar: ¿seria ella la culpable de aquel perfume? Un misterio que nunca se resolverá.
Esa experiencia nunca se me olvidará. Incluso supera al día en el que fui en un vagón con una avispa que queria dar amor estival a todo viajero.
Supongo que la empresa de transporte público añade estas distracciones para justificar el precio. Ya que están pues añaden diversión y entretenimiento cuando no es añadida por los trovadores del metro.

Usa otro transporte que no sea público, es por tu salud. Es por la de todos.

¡Feliz época estival!


*neozombi: nueva especie evolucionada del homo sapiens que solo vive para y por su smartphone.

He de aclarar que para mí no existe la primavera ya que en Madrid se pasa del frío intenso al calorazo directamente. Por eso la llegada de la estación estival se produce cuando llega el calor en mitad de la primavera a mi entender. 

viernes, 13 de enero de 2012

Las cuatro graciosas

Hay muchos dichos, refranes y teorías/leyes sobre la vida. Que yo sepa he podido comprobar la mayoría. Pero esa tarde pude comprobar varios en poco tiempo. El primero el de vísteme despacio que tengo prisa. Llegué apresuradamente al Metro, como no la Ley de la Máxima Jodienda estaba en su más alto nivel y no encontraba mi bono para pasar por los torniquetes. Así que me toca cachearme bien a fondo hasta recordar que lo llevaba en el abrigo guardado en un bolsillo de esos tan pequeños que misteriosamente entra perfectamente pero sale lo más difícil posible el bono.
Cuando ya paso los tornos escucho que el tren ya ha llegado. Aumento la velocidad pero lo justo porque siempre se ponen por medio esas escaleras interminables que son el símbolo del Metro. Así que no me la juego a perder más tiempo y entro a lo loco en el último vagón. Por suerte no había mucha gente, de momento. Me coloco en donde está la puerta del conductor, en medio para no tener la necesidad de agarrarme ya que después seguramente se petaría y no me dejarían ni respirar.
Observo bien al ganado que viaja en el vagón: gente con caras de desear llegar a casa pese tener que aguantar a la parentela, niños con muchas ganas de hacer los deberes, y demás gente varia para darle mas toque multicolor al vagón. De pie como yo iban unos cuatro que ya no cumplían los 20, pendientes cada uno de sus libros, teléfonos, periódicos, libros electrónicos y consolas portátiles. Alguno realmente con cara de tonto al superar un nivel de su juego favorito o al leer la programación de la televisión que es un puro chiste. Me sentía realmente la dominadora del vagón desde mi posición.
Pasadas unas cuantas estaciones, el vagón se iba llenando de más gente pero por suerte mi sitio se mantenía despejado y podía seguir leyendo el periódico del compañero de viaje anónimo. Lo sé, no se debe hacer eso, pero es muy cómodo. Cuando todos estábamos a nuestros menesteres la puerta se abrió y dejando entrar a cuatro “chicas” muy monas, todas muy alegres hablando “ bajito”.Vamos lo que es un gallinero.
Los treintañeros por unos instantes dejaron sus cacharros para observarlas bien, pero para sorpresa mía no estuvieron mucho tiempo pasando revista. Tal vez era mas interesante lo que ponía en sus cacharros, pero la razón la descubriría un rato después.
Lo primero que me llamo la atención de ellas y lo más visible fue que una de ellas que era como mínimo de un 1,80 de altura y rubia. Debía de ser la típica chica nórdica con la tez blanca y gigante. Lo pude comprobar cuando soltó palabra con su... digamos que suave su voz no era. Ahí empecé a dudar si en su DNI pondría que nació con nuez y algún que otro extra de serie. La chica nórdica se puso delante mía acorralándome entre la pared y el chico del móvil, al cual le entró tos repentina y una rinitis aguda que por lo que me dieron ganas de ofrecerle un pañuelo para que parara de moquear y para parar algún virus no fuera por mi. Temí por mi salud, tanto por ser contagiada de un virus treintañero como de ser aplastada por un... digo una chica nórdica.
Cuando pude acomodarme al poco espacio que tenía me pude fijar más en el resto de las componentes del gallinero de las cuatro. Una de ellas había tomado mucho el sol o sus padres (o al menos uno) no era de tez blanca. Contaba que había ido a un casting en el que pedían gente extranjera y al ser posible con acento. Había tenido suerte, era lo que buscaban. Pero yo seguí sin poder verla bien hasta que el... y dale, la chica nórdica se apartó un poco. Entonces descubrí que no eran cuatro chicas monas, resulta que eran tres chicas monas (vamos a contar con la chica nórdica pese a mis dudas) y una chica que había tomado mucho el sol. Tras el susto y alguna que otra risa interior maliciosa me fui a fijar a la otra chica que iba pegada al chico/a nórdico/a (dicho así no me equivocaré). No podía ir más de mujer de dudosa re-puta-ción. Como abrigo llevaba el típico de pelo con el estampado de leopardo, unos shorts muy shorts vaqueros que dejaban ver una malla short azul eléctrico que hacían juego con las medias. Los zapatos de por lo menos 10cm de tacón negros, cosa que le hacía ser de mi mismo tamaño. Y lo poco que podía dejar ver su abrigo llevaba una blusa azul oscuro con topos negros de manga a los hombros. Para rematar el look una diadema hecha con la misma tela de la blusa. Preciosa, soy su madre y no la dejo salir... nunca. A todo esto hay que añadir que su pelo era rojo con tirabuzones. De bote por supuesto. Un poema andante.
En esto que hay frenazo fuerte y todos nos tambaleamos. Para mi mala suerte recibo un pisotón de la chico/o nórdico/a. Me pide perdón con su.. peculiar voz. Aguantándome la risa y sin poder evitar mirarla la cara de sin duda nórdica/o digo que no pasa nada.
La poema andante se agarraba fuertemente a la chico/a noruego/a. No sé si por no poderse agarrar a una barra evitando caerse por otro frenazo o por que era algo más que amiga del otro/a. Mientras su conversación intelectual continuaba:
 -Pues sí chica, la vi el otro día y ¡qué horror! (más del que tengo yo al veros no creo) Está horrible. ¡¡¡Tú imaginate que pesa 40 kg y mide 1.70m!!! ¡Claro, al lado suya parezco una niña!-cuenta la poema andate.
 -¡¡Qué me dices!! ¿Y cuántos años tiene? (pregunta trampa atención)-pregunta la que había tomado mucho el sol
 -Pues creo que cuatro años menos que yo–contesta la poema andante.
 -Mm ¿cuántos? ¿24?- pregunta la anónima que la chico/a no me dejaba ver
 -Que va tía, 34.-dice la poema andante mientras las otras ponían cara de asombro.
Y después de esto pasaron de ser las tres chicas monas y una que había tomado mucho el sol a mujeres y una que había tomado mucho el sol. Continuaban con su gran conversación:
 -Joe, tía. Entonces es verdad eso que dicen que pasa con los años. Que unas se ajamonan y otras se amojaman.-dice la poema andante. Cosa que me hizo pensar... si ya estás ajamonada, ¿cuándo envejeces te ajamonas más?
 -Bueno chicas (cuando lo fuerais) nos iremos a por chicos? (¡¡asaltacunas!!)-pregunta a la que no consigo ver
 -¡Pero tía! (debían de ser familia por lo visto). ¡Que yo tengo un Fuckencio! Ya no puedo hacer eso... -contesta la poema andante.
Todas se quedaron con cara de pena, ya no podían ir de caza (muchas les da a esto un +1, así tocan a más presas por cabeza)
En esto que en una de las estaciones el treintañero del periódico se baja del vagón no sin perder ojo de las mujeres. Cosa de la cual me aproveché para tener más espacio y visualizar a la última componente del gallinero. Cuando la vi me dio un escalofrío. Me vinieron a la cabeza imágenes de brujas y caballos tras verla. Era alta, más que la poema andante pero mucho menos que la chico/a nórdica. También rubia pero con el pelo más tirando a un estropajo que a la seda. Y ya respecto a su aparente edad... digamos que la joven del grupo era el poema andante.
Así que tras ver a todas individualmente se convirtieron en las cuatro mujeres simplemente.
Las apariencias engañan o más en este caso es la teoría del efecto de las animadoras. En conjunto son guapas pero por separado eliminan las ganas de volver a mirarlas. Y a esas mujeres habría que decirlas que aunque la mona se vista de seda... mona se queda.

¡Viva el jamón!