La llegada de la estación estival es
para muchos una alegría ya que al fin se puede disfrutar de los parques, de las piscinas, las comidas al aire libre
(que cada uno lo interprete a su manera), de los cantos de las
golondrinas dando vueltas sin sentido y jodiendo las siestas, de las
chicas vistiendo dejando poco a la imaginación... Pero para otros es
símbolo de una época que implica sudar, las noches interminables
peleándote con la cama y los mosquitos, días enteros empollando
para los exámenes, tener de amante una (o varias) cajas de pañuelos
por la jodida alergia (otros la tienen como amante todo el año,que
cada uno lo interprete a su manera repito), aguantar el sonido del
aire acondicionado del vecino ya que tú careces de ello y tienes que
abrir las ventanas para recibir un poco de aire fresco...
Pero en mi opinión sin duda lo más
agradable de toda esta época es el viajar en transporte público.
Eso de rozarse con otro mientras vuestras pieles al aire se quedan
pegadas es uno de los grandes placeres de la vida del usuario de a
pie. Pero lo mejor de todo es cuando viajas en una linea de metro la
cual es una de las menos cuidadas y el tomarla implica jugar a la
ruleta rusa: ¿llevará o no llevará aire acondicionado en hora
punta?.
Mi suerte siempre ha sido bastante vaga
y no me suele ayudar en la mayoría de las veces, así que me permite
siempre disfrutar de un buen vagón lleno de gente apretujada con
cariño, una temperatura digna de una sauna y un exquisito perfume a
zorruno mezclado todo con una alta humedad para hacer más delicioso
el viaje.
Recuerdo que un día me tocó ir en
plena hora punta tras esperar el metro unos cinco minutos provocando que
el andén estuviera lleno de gente, cosa que ya me iba mentalizándome
para lo que se avecinaba. Cuando llegó el coche (sí, se llaman así
no me leáis con esa cara), vi muchas caras llenas de sufrimiento y
terror al ver lo que les esperaba. Toda esa gente que estábamos
ahí íbamos a entrar y darles un gran abrazo lleno de calor. Cuando
se abrieron las puertas uno de los que estaban dentro me miró
fijamente y recibí perfectamente lo que me decía: ni de coña
entras aquí chavala. Otro que casi gritaba: ¡¡huye tú que puedes!!Eres
joven, ¡sálvate!. Y una señora que estaba empotrada contra otra decía
con una mueca: ¡estudia,encuentra un trabajo y comprate un coche o una
moto por dios!.
Tras ver esas caras respire hondo y...
una señora que estaba atrás me ayudo a decidirme a entrar a
aquel... infierno.
Entré empujando, bueno más bien entré
siendo empujada por alguien que a su vez estaba siendo empujado por
otro alguien. No había parte de mi cuerpo que no estuviera siendo
rozada o presionada. Pero eso no era lo que me horrorizaba, lo que realmente lo hacía era el
ambiente que allí había. Al entrar ya se notaba por el contraste. Un ambiente parecido al Sahara es una comparación en la cual me
quedo corta. Muchos tenian en las caras pequeñas
gotitas cayendo por de la frente. Casi todos iban abanicándose con
lo que habían pillado más a mano. Y ninguno iba sin resoplar y quejándose. Cuando estábamos ya todos dentro situados en nuestros puestos las puertas se
cerraron haciendo imposible la vuelta atrás y escapar de allí.
Empezaba mi infierno.
Rezaba para que no se subiera más gente
a ese vagón. Procuraba no agarrarme a ningún sitio ya que todo
ardía. Además esa horrible sensación de cuando te agarras a una
barra del metro y sientes que esta caliente porque alguien estuvo
agarrado ahí no quería sentirla añadida.
Lo peor estaba por llegar. En una de
las estaciones se subió un digamos personajillo de unos veinte años
vestido de rapero incluyendo gorra y pantalones caídos mostrando el
gusto de su madre en ropa interior. Éste llevaba una mochila, que en
sus buenos tiempos debía de ser azul con algún mensaje en inglés
que él jamás entendería que parecía contener algún cuadernillo
que le habría mandado su profesor de lectura de nivel medio (o lo
más probable es que llevara un folleto de alguna tienda o alguna
revista de esas en la que salen señoritas disfrutando de una tarde
sintiendo el aire en todo centímetro de su piel). Éste al meterse en el vagón
puso la cara que todos ponían al entrar soltando un uff mezclado con
una mueca de sufrimiento. Aunque este a su vez parecía que estaba
disfrutando de la situación. Se colocó de espaldas a mí y de frente a la puerta,
cosa que me permitió observar que su pelo hacia muchas semanas que
no veía el agua. Mi estómago estaba dándome avisos.
Una señora que estaba con la miraba
perdida se estaba acercando a la puerta para bajarse en la siguiente
estación. Tenía el pelo mojado y la cara muy arrugada. Me pregunté
cuanto tiempo debía llevar en aquel vagón para llegar a ese grado
de deshidratación. El personajillo al verla sonrió y se puso a
abanicarla con su maravillosa mochila de contenido misterioso. Cosa
que me hizo soltar una pequeña mueca que creo que quería ser una
sonrisa.
Pero tras cerrarse las puertas el
ambiente cambió. La cara de un señor que estaba al lado de la puerta
se transformó. Las luces temblaron. ¿Qué pasaba? Al momento lo
descubrí. Era lo peor que podía pasar ahí. No podía ser. En ese
momento, ¡¡en ese lugar noooooooooooooooooo!!.
Un gran olor a pedo podrido. Su dueño
debía estar orgulloso de su creación. HP.
Empecé a abanicarme más fuerte para
evitar respirar aquel aire contaminado con esa peste. Buscaba al
culpable. La tenía que pagar. Rápidamente me di cuenta de quién
había sido. El único que estaba de espaldas: el personajillo.
Decidí abanicar el aire que venia del lugar de origen de la peste
rápidamente mientras que con la otra mano me tapaba la nariz. Por el
olor el personajillo no debía de ser humano. Mis perros echan
mejores pestes. Una chica neozombi*, que parecía que no iba con ella
el calor ya que estaba inmersa en su móvil, me miró y me puso una
cara de sí, yo también lo he olido y se quien es el propietario con
una pequeña sonrisa mientras lo tuiteaba. Algo que después me hizo
pensar: ¿seria ella la culpable de aquel perfume? Un misterio que
nunca se resolverá.
Esa experiencia nunca se me olvidará.
Incluso supera al día en el que fui en un vagón con una avispa que
queria dar amor estival a todo viajero.
Supongo que la empresa de
transporte público añade estas distracciones para justificar el
precio. Ya que están pues añaden diversión y entretenimiento
cuando no es añadida por los trovadores del metro.
Usa otro transporte que no sea público,
es por tu salud. Es por la de todos.
¡Feliz época estival!
*neozombi: nueva especie evolucionada
del homo sapiens que solo vive para y por su smartphone.
He de aclarar que para mí no existe la primavera ya que en Madrid se pasa del frío intenso al calorazo directamente. Por eso la llegada de la estación estival se produce cuando llega el calor en mitad de la primavera a mi entender.
He de aclarar que para mí no existe la primavera ya que en Madrid se pasa del frío intenso al calorazo directamente. Por eso la llegada de la estación estival se produce cuando llega el calor en mitad de la primavera a mi entender.